miércoles, 26 de junio de 2013

De encinas, cigüeñas y piedras milenarias


Si al entrar en Jaén, y adentrarnos en Andalucía, nos llama la atención el mar de olivares que nos rodea, en cuanto nos acercamos a Trujillo, quizá un poco antes, las encinas son las que nos dan la bienvenida. Me gustan mucho las dehesas extremeñas, su tierra cubierta de flores en cuanto despunta la primavera. 

Íbamos de paso, por tierras extremeñas. No como las cigüeñas, no, que esas llegaron y se quedaron. Nosotros llegamos a Mérida el día 10 y pasamos allí una tarde, una noche y una mañana, y aunque ya sé que no es tiempo suficiente para conocer bien la ciudad, al menos pudimos pasear por el centro de la villa, visitar el acueducto de los Milagros, el de San Lázaro, el templo de Diana, el puente romano, el anfiteatro y el teatro, además del museo.

El hotel donde habíamos reservado, Nova Roma, está situado muy cerca del teatro romano y del museo, y también de toda una serie de restaurantes donde poder tapear y comer.

Lo bueno de viajar en temporada baja es que no hay problema de masificación. Pocos turistas nos encontramos por la ciudad. A las nueve de la mañana se abría el complejo arqueológico del teatro y anfiteatro y nosotros, aunque no fuimos los primeros en entrar en el lugar, porque desde temprano había operarios trabajando en el teatro, sí fuimos los primeros que paseamos bajo los arcos y las piedras.

Fue una suerte disfrutar de todo aquel espacio para nosotros solos. Justo cuando ya concluíamos la visita, comenzaron a llegar los escolares, los curiosos o los estudiosos de épocas pasadas. Allí les dejamos, entre jardines y pasadizos oscuros, columnas que tan sólo soportan el peso del aire, el agua de la lluvia, los rayos del sol, y muros descascarillados, en cuyas grietas anidan, felices, los insectos y las lagartijas. Allí quedaron todos ellos, los visitantes, tejiendo puentes imaginarios entre lo que fue y lo que queda del esplendor de la época romana. En unos pocos días comenzarían las representaciones de teatro, de ahí el trabajo de acondicionamiento de los obreros. Nunca he asistido al teatro en Mérida, pero sin duda debe ser algo espectacular e inolvidable ver pasear a los actores sobre aquel escenario, envueltos en el aire cálido de la noche y bajo la luz de las estrellas.

Tras la visita al museo almorzamos en uno de los restaurantes situados frente a sus puertas. Probamos las migas extremeñas, unas croquetas muy ricas y algunas tapas más. Tras el almuerzo, emprendimos el camino hacia Tarifa. A un lado y otro, las amables encinas, y coronando los postes telegráficos, las cigüeñas en sus nidos. Aire limpio y autovía libre de tráfico, tal como yo quería. Un poco más allá... nos esperaba Andalucía.

M. Carmen