jueves, 7 de noviembre de 2013

Tella, su dolmen y sus ermitas

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Pinchad sobre las fotos, para ampliarlas.


El tercer día de nuestra estancia en Ansó, decidimos que iríamos desde Hecho hasta Bielsa, pero antes de llegar a Bielsa yo quería ver el dolmen de Tella, y hacer el recorrido de las tres ermitas. Los dólmenes tienen algo especial. Pensar en que esas piedras fueron levantadas por gentes que vivieron en estas montañas, hace tantísimos siglos, siempre me emociona. Dejamos la nacional y nos desviamos a la izquierda, por una carretera estrecha, llena de curvas, que ascendía y ascendía en la montaña, hasta llegar casi a codearnos con las águilas. Los paisajes...  impresionantes.


El dolmen de Tella

Sólo eran 14 kilómetros hasta Tella, pero con tanta curva se llegan a hacer eternos. Por fin, tras un recodo, vimos el dolmen, que está situado a la izquierda del camino, junto a un pradito donde pastaba un rebaño de ovejas con sus corderillos.

El día era magnífico. Sol y buena temperatura invitaban a caminar por el bosque.


Ermita de los santos Juan y Pablo. Siglo XI

Tella es un pueblo muy pequeño y, como suele ocurrir en este tipo de pueblecillos, la mitad de las casas están abandonadas. No se ve un alma por sus calles, si acaso algún perro o gato, que animados por nuestra presencia se arrimaban a nosotros y nos acompañaban un ratito.


Santos Juan y Pablo.

Aunque el pueblo es chiquitín, tenía una oficina de turismo. Allí estaba una chica, para dar información sobre la ruta de las tres ermitas. A juzgar por el silencio que reinaba en el lugar, ella era la única persona de Tella, aparte de nosotros y dos chicos más que regresaban al pueblo tras haber hecho la ruta.



La ruta de las tres ermitas discurre por un paraje maravilloso. Se dice que dura una hora y media, pero nosotros, haciendo fotos a cada minuto, calculamos que tardaríamos casi el doble. No importaba porque aquellas soledades no nos hacían sentir incómodos, al contrario, a mí me entró una especie de euforia que me hacía pensar que éramos los únicos seres vivos sobre la tierra. Es de imaginar que en julio y agosto aquellos caminos estarían muy transitados, pero en la fecha en que acudimos nosotros, no había nadie, para alegría nuestra. 

La primera ermita era la de los santos Juan y Pablo. Chiquita y preciosa, la ermita románica - siglo XI - tiene una ubicación privilegiada. Desde allí se ve todo el valle del Cinca y a las 12 de la mañana el río brillaba como si fuera de plata. Creímos que no podríamos ver el interior, pero sí pues aquella puerta cerrada tenía un cerrojo que descorrimos y pudimos ver el interior: una virgen rodeada de flores y papelitos con frases de todo tipo y un altar con los santos a los que está dedicada la ermita. Bajo el altar, bajando por unas escalerillas, se encuentra una habitación minúscula que podría servir de dormitorio al ermitaño.


Ermita de la Virgen de la Peña. Siglo XIII

Seguimos avanzando montaña arriba, hasta que vimos a lo lejos otra de las ermitas - la de la Virgen de la Peña, del siglo XIII - y, frente a ella, la tercera - la de Fajanillas, del siglo XVI.

La vista del valle del Cinca desde la ermita de la virgen de la Peña es impresionante. Mirar alrededor y ver todas esas montañas inmensas, el profundo valle, el río, es algo tan sublime que te quedarías allí horas y horas mirando el paisaje.




La vida se abre paso donde sea, igual que este pino, que ha crecido sobre el tejado de la ermita.


Virgen de la Peña.

Al igual que en la ermita de los santos Juan y Pablo, en las dos ermitas restantes se podía entrar. En la de la Peña, además de la talla de la virgen con el niño, y flores, y velas, había un traje de primera comunión, corto, de color marfil, con su chaquetita. ¿A quién pertenecería? ¿Cuánto tiempo llevaba allí? ¿Por qué lo dejaron en la ermita? Seguramente en agradecimiento por algún posible milagro obrado por la virgen, quién sabe...


Bajando hacia la ermita de Fajanillas.



Desde ambas ermitas se tenía una fantástica visión del pueblo de Tella. Y desde la ermita de Fajanillas salía un estrecho sendero que llegaba hasta el pueblo, cerrándose así el circuito.


Tella. Huesca

Casi a las dos de la tarde llegamos de nuevo al pueblo. Saludamos a la chica de la oficina de turismo, para hacerle saber que habíamos regresado sanos y salvos, que no nos habíamos perdido por el camino. Nos montamos en el coche y bajamos, tranquilamente, hacia la carretera nacional.


Tella. Huesca

Espantabrujas, en Tella

Se dice que en esta zona había mucha creencia en las brujas, por eso en las chimeneas, en los salientes más altos de las casas, se ponían figuras de animales o de personas, para espantar a los malos espíritus y que no perjudicaran a los habitantes de la casa. 

Una vez en la nacional, y mucho antes de llegar a Bielsa, paramos en un restaurante a pie de carretera. Comimos de maravilla, porque por aquellas tierras se come bien, en abundancia, a un precio muy razonable.


Valle del Cinca

Tras el almuerzo seguimos camino a Bielsa, entre montañas, desfiladeros, praderas con sus rebaños de ovejas, o vacas deambulando junto a la carretera.

El viaje a Tella, el dolmen, el circuito de las ermitas, ha sido una de las experiencias más fantásticas de mi vida. Me encantó caminar por las montañas y descubrir tanta maravilla. Es tan poderosa la naturaleza... Y yo estaba allí, disfrutándolo todo.

Una pura delicia para los sentidos.


Mari Carmen Polo

4 comentarios:

  1. Conozco algo del pirineo aragonés y catalán siempre he pensado que es lo mas bonito de España.
    no conozco la zona de este magnífico reportaje, lo describes estupendamente con unas fotos preciosas.
    Un abrazo

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    1. Es algo increíble, todo aquel paisaje. Hacía años que no viajaba al pirineo de Huesca, y no sabes cuánto me he alegrado de haberlo hecho en otoño. Es impresionante.

      Un abrazo

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  2. Conocía la belleza de los paisajes de esta zona y tus imágenes lo ratifica.

    Te deseo un feliz fin de semana.

    Besos

    http://ventanadefoto.blogspot.com.es/

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    1. A mí me queda mucho por conocer aún :) Siempre es una gozada viajar al norte de España.

      Un abrazo

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