miércoles, 10 de diciembre de 2014

Mi viaje por Grecia: Yacimiento de Akrotiri (IX)

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El día que visitamos el yacimiento de Akrotiri hacía mucho, pero mucho calor. Afortunadamente, el yacimiento está cubierto, lo cual supuso un gran alivio porque si hubiéramos tenido que hacer recorrido bajo el sol, hubiera sido un auténtico suplicio. 
 
El lugar del yacimiento corresponde al de un  asentamiento que, teniendo en cuenta los estilos de cerámica y pinturas murales encontradas en las excavaciones, se remontaría a lacivilización minoica



El yacimiento toma el nombre del pueblo griego que se encuentra en una colina próxima, mientras que el nombre original del asentamiento se desconoce.



El excelente estado de conservación del lugar se debe al hecho de que estuvo cubierto por una erupción volcánica datada a mediados del II milenio antes de Cristo.



En el yacimiento se han documentado tres tipos de viviendas:  Las grandes villas o casas de lujo, las cuales tenían las habitaciones de servicio en la planta inferior y las de uso privado en la superior, así como un área cubierta que se ha interpretado como un pequeño santuario doméstico. Todas las casas de este tipo eran independientes. 


Otros edificios fueron construidos en bloques residenciales, en la zona este. Con paredes dobles, constaban de 2 a 4 plantas en las que el piso inferior servía como sala de almacén o taller mientras que en el resto de las plantas había habitaciones que eran de uso privado y están decoradas con magníficas pinturas murales.



La población vivía básicamente de la navegación y el comercio. El pueblo poseía bienes de Creta, del continente griego y de Asia menor. Se puede afirmar que la ciudad se dedicaba a diversos oficios, los cuales se pueden captar de las excavaciones de las casas. Hubo industria del metal, una de cerámica, una de prensa de uva y dos molinos, pero no se puede afirmar de forma concluyente si también se dedicaban a la construcción naval. La alta calidad de las pinturas sugiere la residencia de artistas especializados. Casi en cada casa había un sencillo telar, como lo demuestra el gran número de pesas de telar encontradas. No se sabe cómo los habitantes de la ciudad obtenían el agua ya que no se ha encontrado ningún tipo de cisterna.




Para conservar mejor los vestigios del yacimiento y protegerlos de la intemperie y la radiación solar, se procedió a levantar una ambiciosa estructura que cubriese amplias partes del yacimiento. Desgraciadamente, en septiembre de 2005 dicha estructura de metal con vigas de acero se derrumbó, matando a un visitante, razón por la cual la excavación se cerró al público, reabriéndose el 11 de abril de 2012 tras la instalación de una nueva cubierta. 

Los frescos fueron restaurados en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas, lugar donde muchos de ellos se exhiben. Desde luego, las pinturas que vi en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas son impresionantes, bellísimas.

Estas fotos están tomadas con el teléfono móvil, de ahí su pobre calidad, pero aquel día no me apetecía ir cargada con la cámara y preferí simplemente pasear por aquel vasto recinto, admirando el yacimiento, pensando cómo vivirían aquellas personas que dieron vida a la ciudad, hace 4.000 años, y tomando, de vez en cuando, alguna foto con el móvil.


Mari Carmen Polo

lunes, 8 de diciembre de 2014

Mi viaje por Grecia: isla de Santorini (VIII)

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Algunas fotos del paisaje, las ciudades, las iglesias y gente venidas de otras tierra, todo lo cual hace a esta isla tan cautivant, tan especial.











A juzgar por todas las novias chinas que vi haciéndose fotos con sus parejas, ellas están encantadas con esta isla, tanto que vienen con sus preciosos vestidos desde la otra punta del mundo simplemente para llevarse un álbum de recuerdos con estos paisajes - blanco y azul - como telón de fondo.



El aeropuerto de Santorini es pequeño y no tiene un tráfico excesivo. Desde la antigua ciudad de Thera, fundada en el siglo IX antes de Cristo, o mejor dicho, desde el yacimiento de la antigua ciudad de Thera, situado en la cima de una montaña, - que ya tenían que ser fuertes aquellos ciudadanos, porque para llegar hasta lo más alto uno se queda sin aliento, y no sólo por la belleza del lugar -  bajo un sol de justicia y a lo largo de las casi tres horas que anduvimos entre los restos de sus templos, casas, ágora, mercado y teatro, podíamos ver los aviones aterrizar o despegar, y me parecía un milagro que lo lograran en lo que, a mi entender, era una pista tan cortita. 

En la próxima entrega dejaré algunas fotos de la antigua Thera y de otro yacimiento importante, el de la Edad del Bronce de Akrotiri. 


Mari Carmen Polo

viernes, 5 de diciembre de 2014

Mi viaje por Grecia: isla de Santorini (VII)



El vuelo desde Atenas a Santorini dura lo que las azafatas de Aegean Airlines tardan en ofrecerte un croissant y un caramelo: unos tres cuartos de hora. Tal como están los vuelos, es todo un detalle.

En Santorini estuvimos cuatro días. Es tiempo más que suficiente para recorrer toda la isla. Los turistas suelen alquilar coches, y es lo que hicimos nosotros.



Santorini o Thera, es un pequeño archipiélago circular formado por islas volcánicas, localizado en el sur del mar Egeo, a unos 200 km al sureste del territorio continental griego. Forma el grupo de islas más meridional de las Cícladas, y es una  maravilla.


Santorini es, en esencia, lo que queda de una enorme explosión volcánica que destruyó los primeros asentamientos existentes, haciendo desaparecer gran parte del territorio de la antigua isla y provocando la creación de la caldera actual



Una gigantesca laguna central, más o menos ovalada, de unos 12 km de longitud y 7 km de anchura, está rodeada por tres lados por altos acantilados de unos 300 metros de altura. Las pendientes de la isla descienden desde lo alto del acantilado hasta el circundante mar Egeo. En el cuarto lado, la laguna está separada del mar por una isla mucho más pequeña llamada  Thirasia.



Es una de las islas más bonitas que he visitado, todo tan blanco contrastando con el azul del cielo y el del Egeo. Asomarse a la terraza, por la mañana, y desayunar mirando los barcos ir y venir por la caldera, era algo fantástico que no olvidaré nunca.



La mayoría de las iglesias de la isla son blancas, con cúpulas azules, pero esta estaba pintada de este tono terroso anarajando tan llamativo.

Durante cuatro días visitamos lo más importante de Santorini: recorrimos las atestadas calles de Firostefani, Oia y Fira y de otras ciudades cercanas, almorzamos y cenamos en restaurante coquetos, mirando las luces de los barcos destacando sobre el fondo negro de la noche, y nos adentramos entre las piedras milenarias de aquellos que vivieron en sus cumbres muchos siglos atrás.

Fue un total acierto ir de vacaciones a Santorini. Podríamos haber elegido otras islas, igual de atrayentes, pero creo que Santorini se lleva la palma. Quizá por eso son tantas las novias chinas que vienen cargadas con sus blancos trajes nupciales para hacerse las fotos en un marco de ensueño.

Por hoy dejo estas fotos. Otro día traeré algunas más.

Mari Carmen Polo

viernes, 21 de noviembre de 2014

Mi viaje por Grecia: Delfos (VI)

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Tras Olimpia, llegamos a Delfos entrada la noche, con viento y con frío. La mañana, sin embargo, amaneció soleada y calurosa. Recogimos nuestras entradas e hicimos como los demás, disponernos a subir a las alturas, tomándolo con calma. Cientos de personas se afanaban, cual hormiguitas, caminando por la empinada senda, hasta llegar a la parte más alta de la ciudad, donde se encuentra el estadio. Pero hasta llegar allí... tuvimos que sudar bastante.


El tesoro de Atenas

Delfos se ubica en la ladera meridional del monte Parnaso, adyacente al santuario de Apolo, el lugar del oráculo. La ciudad se consideraba el centro del universo.



Desde luego, tuvieron una idea excelente los constructores de la ciudad: las vistas, desde la ladera de la montaña son impresionantes. Aire puro y bellos paisajes, ¿qué más se podría pedir?



Imagino que los habitantes de la ciudad debían de tener corazones fuertes porque subir hasta lo alto de la montaña cuesta, y mucho, pero me da la sensación de que a lo griegos les gustaban las alturas, ya que no sería la última ciudad a la que subimos tan alto que parecíamos águilas.


El teatro


El estadio, usado para los Juegos Píticos


Tras la visita a las ruinas de Delfos, sedientos y cansados, nos marchamos al museo, que está al lado del yacimiento. Allí pudimos refrescarnos y pasar el resto de la mañana. Almorzamos en la moderna ciudad de Delfos, que no es muy grande y está llena de tiendas, hoteles y restaurantes.

La comida, como siempre, excelente. Y mientras almozábamos, pudimos contemplar las montañas, los valles, y todos los colores de la zona.

Tras el almuerzo, emprendimos el regreso a Atenas. La carretera, como ya era habitual, más bien mala, pero, afortunadamente, tras una hora de marcha, nos incorporamos a la autovía que nos llevó hasta la capital. 

Al día siguiente teníamos que volar: nos esperaba el azul y el blanco de la isla de Santorini.

Mari Carmen Polo

viernes, 14 de noviembre de 2014

MI viaje por Grecia: Olimpia (V)



Podría decir que lo mejor de Olimpia es... el Best Western Europa, un hotel fantástico, con amplísimas habitaciones, unas vistas a la piscina y al entorno estupendas, y con un buffet desayuno magnífico. Fue el mejor hotel en el que nos hospedamos en toda Grecia. Mucho mejor, con diferencia, que el Meliá de Atenas.

Pero no, el yacimiento aqueológico de Olimpia es bello por sí mismo y es un placer poder pasear entre sus columnas y sus piedras rotas. 

Continuando con el día anterior, nos quedamos en nuestra salida desde Nauplia hacia Olimpia.

Si consultamos el Google.maps, nos dice que desde Nauplia, en la costa este, hasta Archea Olimpia, en el oeste, hay 173 kms. que vienen a ser una dos horas y media de viaje por carreteras de montaña, cruzando el Peloponeso. Bueno, pues yo les digo que en cuanto a kilometraje puede ser correcto, pero en cuanto al tiempo estimado de llegada... dependerá de la mierda de carretera por la que te lleve el GPS, y de que se te haga de noche o no. 

Nosotros tuvimos la poca buena suerte de que fuimos por una carretera de montaña estrecha y con precipicios que no veíamos pero que intuíamos. Vamos, lo que se dice una vía espantosa llena de curvas, por la cual no transitaba nadie excepto nosotros.

Dejamos Nauplia hacia las cinco de la tarde porque sabíamos que el viaje iba a durar al menos tres horas y que se nos haría de noche en cuanto nos alejáramos de la ciudad. 

El GPS nos llevó por carreteras locales que parecían caminos, y cuando finalmente abandonamos las carreterillas de tercera, nos metió en la que nos llevaría hasta Olimpia, algo mejor, pero sólo algo mejor, y, tal como indico antes, sin tráfico.

En esa zona del Peloponeso, además, entre pueblo y pueblo hay mucha distancia, o quizá es que al ir a 40, 50 o 60 por hora, el camino se te hace eterno. 

Serían las siete de la tarde, ya noche cerrada, que bromeábamos diciendo que si nos pasaba algo, allí no nos iba a encontrar nadie, cuando saltó un aviso rojo en el coche: intuimos que algo les ocurría a los frenos, pero no podíamos estar seguros porque el aviso estaba en griego. Cuando alquilas un coche sabes que puede pasar cualquier cosa, pero no esperas que te ocurra a ti, claro está.

Así qué mira tú qué bien: en plena borrachera de curvas, de noche, sin ver más allá de las luces del coche, sin un pueblo a la vista, y que los frenos te den problemas, es algo muy reconfortante.  

Paramos un momento en la carretera, deseando que no viniera nadie de frente y se estampara contra nosotros, y reanudamos la marcha en modo caracol achacoso. Así, despacito, despacito, temiendo que el coche se parase definitivamente, fuimos avanzando kilómetros y kilómetros, hasta que, ¡por fin!, vimos la luces de un pueblo. Cuando llegamos hasta la gasolinera serían más de las ocho. El libro de instrucciones del coche estaba en griego, sólo en griego, y, naturalmente, no entendíamos nada de nada. En la gasolinera pedimos que nos tradujeran qué significaba aquel aviso en rojo - algo estupendo es que, en toda Grecia, la gente se defiende en inglés bastante bien y, en la mayoría de los casos, muy requetebién, cosa que no se puede decir de España, lamentablente.

Eran los frenos, sí, pero parecía ser que yendo despacio no tendría por qué ocurrir nada. Faltaba aún una hora para llegar a Olimpia, y muchos kilómetros de curvas por recorrer. Pero era lo que había, de modo que emprendimos la marcha con el mejor ánimo posible y rogando para que no ocurriera nada. 

Llegamos a Olimpia a las nueve y media de la noche, con los nervios destrozados, y en cuanto llegamos, el hotel nos acogió en sus amorosos brazos y se hizo cargo de todo, tanto de contactar con la oficina del coche, para que a la mañana siguiente tuviéramos otro en condiciones, como de avisarnos en cuanto lo tuviéramos en la puerta, y, por supuesto, nos acompañaron a nuestras habitaciones y nos brindaron toda clase de información. 

Estaba tan cansada del dichoso viaje que decidí que ni iría a cenar al preciosísimo restaurante al aire libre que tiene el hotel. Me quedé en la habitación, me dí una ducha y me dormí en cuanto me metí entre las frescas sábanas. 

A la mañana siguiente abrí la puerta de la terraza y allí estaba, un paisaje delicioso, tanto como el desayuno que ofrece el Best Western Europa: abundante, variado, atrayente, fabuloso. También dispusimos de un nuevo coche, con el cual nos marchamos al yacimiento de Olimpia, en cuanto terminamos de desayunar.




El yacimiento de Olimpia está a unos dos-tres kilómetros del hotel. Hacía calor, así que agradecimos muchísimo que todo el recinto estuviera lleno de árboles. 

 

Olimpia, como todo el mundo sabe, es conocida por haberse celebrado en ella, en la Antigüedad, los primeros Juegos Olímpicos, los cuales se celebraban cada cuatro años. 



Olimpia también fue famosa por ser un centro religioso, y por su gigantesca estatua de oro y marfil de Zeus hecha por Fidias, la cual era una de las Siete Maravillas del Mundo. Cerca del templo, excavaciones arqueológicas han encontrado el taller de Fidias, con numerosas herramientas del escultor.



La llama olímpica de los actuales Juegos Olímpicos se enciende en el estadio de esta ciudad mediante el reflejo de la luz solar en un espejo parabólico, tras lo cual se transporta en una antorcha al lugar que acoge los juegos (normalmente dando un gran rodeo pasando por las principales ciudades de todo el mundo).







Entrada al estadio

El estadio


Junto al estadio. Parece una estampa victoriana, ¿verdad que sí?


 Museo Arqueológico de Olimpia. Grecia


Casco de Milcíades. Este casco grabado con el nombre de ΜΙLTIAΔES, fue ofrecido al templo de Zeus de Olimpia por Milcíades para consagrar la victoria de Maratón.

Tras la visita al yacimiento - qué maravilloso debió ser todo aquello cuando estaba en su máximo esplendor, y qué cruel es el discurrir del tiempo - en el que pasamos toda la mañana, nos marchamos al hotel, para almorzar. Tuve, entonces, la oportunidad de disfrutar del bello restaurante al aire libre, enclavado en un jardín coqueto, romántico, cuidadísimo y lleno de flores. Fue una delicia, tanto el lugar como la comida.

A continuación, regresamos al yacimiento, ya que cerca de él se encuentra el Museo Arqueológico. Y una vez finalizada la visita al museo, ya entrada la tarde, emprendimos el camino hasta Delfos, con nuestro nuevo coche.

Mari Carmen Polo

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Mi viaje por Grecia: Nauplia (IV)

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En Nauplia sólo pasaríamos una noche ya que al día siguiente, tras la visita a la ciudad y después de comer, emprenderíamos viaje hasta Olimpia, cruzando las montañas hacia el oeste. 

La ciudad de Nauplia, cercana a Epidauro, fue ocupada por los venecianos y, de hecho, muchas de las construcciones se remontan a la segunda ocupación veneciana, entre 1686 y 1834. 

Tiene un encanto especial el sentarse en alguna de las terrazas que dan al mar. Nosotros cenamos, la noche de nuestra llegada, en uno de aquellos restaurantes del puerto, mientras que el almuerzo lo hicimos en la calle, en uno de los muchísimos restaurantes que había en las preciosas calles llenas de flores de la ciudad.

Nos llamó la atención, en toda Grecia, la gran cantidad de gatos que había por las calles de las ciudades, de los pueblos. Así, pues, en los restaurantes al aire libre, nunca nos faltó gato, o gatos, con los que compartir la muchísima comida que nos ponían. Eso sí, eran de lo más formalitos, no maullaban, no incordiaban. Se quedaban junto a tus pies, mirándote, como si hicieran pucheritos, de modo que era imposible resistirse. Finalmente, siempre tomábamos un poco de aquí y otras sobras de otros platos, y se les daba de comer.
 


De entre los cuatro fuertes de Nauplia cabe destacar el de Palamidí, sobre la colina oriental que domina la zona. Se trata de una poderosa estructura amurallada que rodea siete bastiones autosuficientes, diseñados para resistir la temible artillería de la época. Para contemplar las hermosas vistas que se ofrecen desde lo alto de Palamidí hay que armarse de valor, ya que casi 900 escalones culminan la ascensión desde el casco viejo hasta la cima, aunque siempre es mas cómodo usar el coche, que es justamente lo que hicimos nosotros. Cuando bajamos a la ciudad, antes de almorzar, veíamos, en la lejanía, a muchos valientes que bajo el sol y con un calor considerable, caminaban pasito a pasito, hacia la cima.




En el castillo Palamidí invertimos gran parte de la mañana, aunque antes habíamos paseado por el puerto y por las calles más céntricas, llenas de tiendas de recuerdos, de cafeterías, restaurantes y joyerías.

Fue un día estupendo el que pasamos en Nauplia. Hacia las cinco de la tarde recogimos nuestro equipaje del hotel, y también el coche, y emprendimos camino a Olimpia, sin saber muy bien dónde nos estábamos metiendo, al atravesar todas aquellas montañas.

Mari Carmen Polo

martes, 11 de noviembre de 2014

Mi viaje por Grecia: Corinto y Epidauro (III)

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Si queréis ver las fotos un poco más grandes, pinchad sobre ellas.


Desde Atenas, en nuestro viaje hacia Nauplia, pasamos primero por Corinto. Era visita obligada parar para observar el canal, un estrecho pasadizo que sirve de comunicación entre el norte del Mediterráneo y el mar Egeo. Llovió casi todo el camino, pero no importaba demasiado. Al menos hasta Corinto fuimos en autovía, cosa que no es muy usual en Grecia.




Después de visitar Corinto, seguimos nuestro camino hacia Epidauro, una pequeña ciudad griega de la Argólida, al noreste del Peloponeso. Dejó de llover poco antes de llegar a esta ciudad, que es principalmente conocida por su santuario de Asclepio, a unos 8 kms al oeste de la ciudad, y por su teatro, del cual dejo dos fotos, que acoge representaciones aún en nuestros días. La ciudad griega actual se llama Epídhavro. 

Recuerdo que tras el almuerzo - fabuloso, porque en Grecia se come bien en cualquier lado - nos fuimos dando un paseo por el puerto. Hacía sol y se estaba de maravilla. El agua era tan azul, tan limpia, que las rocas estaban cubiertas de erizos.

Y desde Epidauro, hacia las cuatro de la tarde, nos dirimos hacia Nauplia, donde queríamos llegar antes de que anocheciera, pero eso ya lo contaré en otro momento.

Mari Carmen Polo


jueves, 30 de octubre de 2014

Mi viaje por Grecia: Atenas y Cabo Sunion (II)




Nos levantamos temprano, para poder subir a la Acrópolis sin los miles de turistas que acudirían horas más tarde. Atenas, desde lo alto, parecía dormida.


Odeón de Herodes Ático

Subir a la Acrópolis es tarea ingrata cuando hace calor, pero nosotros teníamos una buena temperatura y nos dirigimos hacia ella haciendo breves descansos para admirar el paisaje, como el Odeón de Herodes Ático.


Fue una suerte llegar tan temprano, aún así, ya había gente paseando entre los templos.



Erecteión

Las cariátides.

En el Museo Arqueológico, pudimos ver las estatuas originales. Falta una, que se encuentra en el Museo Británico.

El Partenón

Todas las esculturas de los frontones se encuentran, igualmente, en el Museo Arqueológico de Atenas.


 Una foto, para inmortalizar el momento.

Hacia las 11 de la mañana, la Acrópolis ya tenía demasiada gente, para mi gusto. Afortunadamente, nosotros ya casi habíamos terminado el recorrido por el recinto.



Nos entretuvimos en el teatro, al bajar, pero ya hacía un calor espantoso y estábamos deseando llegar al Museo.




Tras el almuerzo, alquilamos el coche que nos llevaría por el Peloponeso, los siguientes tres días - Corinto, Epidauros, Nauplia, Olimpia y Delfos - y nos marcharmos a ver la puesta de sol al cabo Sunion, con su templo a Poseidón, a unos 65 kms al sureste de Atenas. Hacía bastante viento, pero al menos no había mucha gente. Allí, al salir del yacimiento, nos cruzamos con un grupo de andaluces que habían llegado en un autobús, y es que españoles había por toda Grecia.

Cenamos en un restaurante junto al mar, cerca de cabo Sunion. Elegimos pescado y ensaladas. Una cena estupenda en un lugar casi vacío. Yo intuía que en verano estaría a rebosar de turistas.

La vuelta a Atenas la hicimos ya con noche cerrada, por una carretera costera llena de curvas y dejando junto al mar las pequeñas poblaciones débilmente iluminadas.

Al día siguiente, temprano, dejaríamos Atenas y tomaríamos la única - creo - autopista que tienen, camino de Corinto, Epidauros y Nauplia, donde haríamos noche.

Mari Carmen Polo