sábado, 29 de marzo de 2014

El Englischer Garten (Jardín Inglés), en Munich

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El Englischer Garten (jardín inglés en alemán) es un parque ubicado en la ciudad de Munich, Alemania. Situado en el nordeste de la capital bávara, en la orilla occidental del río Isar, sus 4,17 km² de zona verde lo convierten en uno de los parques urbanos más grandes del mundo, más extenso incluso que Central Park o Hyde Park. 



Fue diseñado en 1789 por Benjamin Thompson y ampliado posteriormente por los paisajistas alemanes Reinhard von Werneck y Friedrich Ludwig von Sckell, quien ya había asesorado a Thompson durante la creación del jardín.



El Englischer Garten debe su nombre a los jardines ingleses que von Sckell tomó como ejemplo durante el proceso de diseño. Es un parque público y de acceso totalmente libre, así como una de las atracciones turísticas más importantes de la ciudad. Es atravesado por el Eisbach (en alemán, arroyo helado), un canal artificial donde se practican deportes.


Y una vez que ya nos hemos ubicado sobre el origen de estos jardines, añadiré que la primera vez que me acerqué hasta allí llovía y hacía frío, de modo que nos dimos media vuelta y regresamos al centro de la ciudad.


Afortunadamente, los tres últimos días hizo sol y una temperatura estupenda, de modo que la última mañana de mi estancia en Munich, caminamos de nuevo hacia estos jardines y fue todo un descubrimiento y un gozo infinito.


Munich tiene muchos jardines, pero este es espectacular. Qué maravilla poder pasar todo un día allí, caminando por sus veredas, tumbada en aquellas praderas verdes, sin sentir nada más que el murmullo del agua del arroyo y las voces de los niños jugando.



Aún los árboles no estaban completamente vestidos de primavera, pero se intuía en sus copas la promesa del verde apaciguador, protector.


Anduvimos caminando unas dos horas y media y apenas vimos una pequeñísima parte del parque.


Es una suerte disponer de un lugar de esparcimiento como este. En su interior la ciudad es como si no existiera.


Mientras íbamos de un lado para otro, comenzamos a sentir música y allá que nos encaminamos. Pensé que sería un concierto al aire libre, pero no, eran los músicos bávaros, vestidos con sus trajes típicos, amenizando la comida al aire libre de la gente que pronto llenaría completamente las mesas.


El sol, la cerveza, las salchichas, el chucrut, las patatas y la música, ¿qué más se podía pedir?



A la una media dimos media vuelta y nos encaminamos, de nuevo, hacia el centro de la ciudad, para almorzar. Y ese día sí, ese día pedí lo que no había comido en los días anteriores: salchichas, chucrut y el famoso pretzel, ese pan en forma de rosca de la paz. Todo delicioso.

A las tres y media de la tarde nos despedimos de Munich, tomando el tren, en la estación central,  hacia el aeropuerto.

Y poco después, como si todo hubiera sido un sueño, estaba en mi casa de nuevo.

Dejaré más fotos, en días próximos.

Mari Carmen Polo



martes, 18 de marzo de 2014

Un domingo pasado en Toledo

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Cuando llegamos a Toledo había una espesa niebla y hacía frío. Estoy hablando no de este domingo pasado, sino de hace unos quince días.



Paseando junto a los jardines, me di cuenta de que a los árboles, como a las personas, también le salen tumores. Este árbol estaba lleno de ellos.


A media mañana la niebla se disipó y el sol lució en todo su esplendor. El cielo quedó completamente azul. Las calles comenzaban a llenarse de gente, de turistas, y al otro lado del río Tajo, se hacía escalada.


Una vista de Toledo desde el otro lado del río.


Representación de Samuel Halevi, nacido en Úbeda, en 1320 y muerto en Sevilla en 1360. Fue tesorero del rey Pedro I de Castilla.


Otra vista del río Tajo. 


Calles estrechas del centro de la ciudad.


Puente de Alcántara


Flores de primavera, junto al puente de Alcántara


El domingo empezó con niebla y muy fresco, y concluyó lleno de sol, de luz y de aroma de primavera. Recorrimos todo el centro de la ciudad y disfrutamos de unas horas estupendas.

Tras el almuerzo, Mari Carmen Glez., Ramón, Paco y yo, volvimos a caminar por las calles, hacia la catedral, la judería, las callecitas estrechas y, tranquilamente, bajamos mirando hacia el río para dejar atrás las murallas y encaminarnos hacia el coche, poniendo rumbo a Fuenlabrada. 

Fue un día completo. 

Mari Carmen