miércoles, 18 de junio de 2014

El comienzo de un largo viaje por Italia

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Teníamos que hacerle el rodaje al coche. Esa era la excusa. Esa y que desde hacía tiempo yo tenía ganas de pasearme por la Toscana. De modo que preparamos el equipaje, lo cargamos en el coche y nos fuimos hacia Barcelona, el viernes 23 de mayo. 

Teníamos previsto pasar día y medio con la familia, en L'Hospitalet de Llobregat, y el domingo, temprano, salir hacia nuestra primera parada en el camino: Aix-en-Provence, Francia.

Me encantan las autopistas francesas. Son de peaje, es cierto, pero son cómodas, suelen tener tres carriles, sin demasiadas curvas y ese domingo, además, sin mucho tráfico. Otra cosa que me gusta mucho de estas autopistas es que tienes áreas de descanso y áreas de servicio cada pocos kilómetros. Las áreas de servicio están equipadas con todo lo necesario para el coche y para uno mismo. Las áreas de descanso son amplias, tipo merendero, con arboleda y, lo que más me gusta, tienen servicios públicos y algunas incluso tienen hilo musical.  


Llegamos a Aix-en-Provence hacia las cuatro de la tarde y como el hotel estaba a las afueras, y estábamos cansados, decidimos quedarnos allí. Al día siguiente partiríamos para la segunda etapa: Génova.

Una gozada de autopista, como podéis ver en la foto tomada con el móvil. Pasar al lado de Niza, de Mónaco, de Cannes, Antibes... es una sensación fantástica. Una piensa que desde Madrid están tan lejos y ahora yo estaba a un pasito, a sólo unos cuantos kilómetros de esas ciudades, aunque no podía pararme a visitarlas.




Desde el área de descanso, donde estaba este mapa, pude ver el mar y Cannes a lo lejos, bajo un sol radiante, y tras una suave cortina de buganvillas, palmeras y vegetación exuberante. Las flechitas blancas se las he añadido yo e indican el sentido de la marcha hacia Génova.



Hasta Cannes todo había ido estupendamente bien en la autopista. Fue a partir de aquí cuando comenzó la pesadilla de curvas, túneles y camiones. Al ser zona montañosa, los italianos han horadado las montañas y una no acaba nunca de atravesar túneles. A la ida no los conté, lo hice a la vuelta, y creo que entre Génova y Cannes hay al menos cien túneles. Digo que no lo sé con certeza porque comencé a contar túneles al regresar, al salir de La Spezia, a unos cien kms de Génova, y desde esa ciudad (La Spezia) hasta Cannes (pasando por Génova) conté alrededor de 200 túneles. Del número de puentes y viaductos ya ni me acuerdo.

La sensación de angustia al ir por carriles que no eran muy anchos, rodeados de camiones inmensos y con tanto túnel y tanta curvas, os la podéis imaginar, sobre todo cuando estás habituada a autopistas españolas que van vacías completamente y que discurren por zonas llanas.

Para amenizar el tema, cada ciertos kilómetros, te encontrabas la autopista en obras y tenías que circular por un solo carril. Todo fabuloso.


Génova

Yo no veía el momento de llegar a Génova. Pero llegamos. Y nos perdimos. Y nos volvimos a perder. Nos metimos en el puerto comercial, ya que nuestro GPS, que es un cachondo, le dió la gana de meternos por allí.

Finalmente, tras muchas vueltas por túneles y túneles, ya en Génova, encontramos el Holiday Inn. El hotel estaba frente al puerto y es un hotel fantástico, tanto la habitación como el desayuno. El mejor hotel de los que he encontrado en Italia, en este viaje. Cuando busquéis hotel en Italia y veais 'hotel tres estrellas', desconfiad, seguro que es de dos estrellas y la tercera se la han pintado a mano. Vamos, que las estrellas de los hoteles italianos no tienen mucho que ver con las de los hoteles españoles.




 
Dejamos el equipaje en el hotel y nos marchamos a comer a la terminal de barcos de pasajeros, que la teníamos justo enfrente. No, los barcos de pasajeros no eran como este de la foto que os dejo, afortunadamente. Los marineros de estos barcos tan románticos ni siquiera podían imaginarse los monstruos marinos, en forma de barco, que ahora surcan los océanos. 


 

 
La tarde amenazaba tormenta, pero aún así, ¡qué demonios!, estábamos en Génova, había que salir a la calle. Y salimos, y caminamos por la ciudad, por callejitas preciosas, junto a palacios maravillosos, por la zona del puerto... Génova me pareció preciosa, pero hacía frío y estábamos cansados, de modo que volvimos al hotel mientras las nubes negras se iban apoderando del cielo.








El trajín del puerto es algo hipnotizador. Era increíble como, en cuanto los barcos atracaban y salían los pasajeros, los trabajadores del puerto sacaban los contenedores de los barcos, los aparcaban en apenas 11 segundos y volvían, con sus cabezas tractoras, al interior del barco para sacar nuevos contenedores. 


Trabajo que continuó durante la noche. Y el trasiego de coches y motos por la autopista tampoco cesó hasta altas horas de la madrugada. Esa noche hubo lluvia y tormenta, pero yo dormí plácidamente. 

Al día siguiente atravesaríamos Italia, para llegar a Lido degli Estensi, junto al Adriático. Veríamos una parte de la Emilia Romagna, en la semana que programamos para estar por la zona, y eso era muy emocionante.

(Continuará)

Mari Carmen Polo