miércoles, 30 de julio de 2014

Mi viaje por Italia: Venecia

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Venecia, la gran Venecia, la que siempre está llena de turistas, la de los canales con sus gondoleros contadores de historias, la de las parejas de enamorados y la de los amantes del arte, la de los hoteles carísimos y los ricos helados, la de los puentes y la del color azul. Venecia. ¿Quién no ha soñado con visitar Venecia? Yo, como tantos otros, también había deseado pasearme por sus calles y, finalmente, pasé allí dos días.



La idea era ir desde Lido degli Estensi hasta Venecia, regresar al apartamento y volver al día siguiente. Mas pensando en aquellas autopistas atestadas de camiones, las más de dos horas de viaje de ida y otras dos de vuelta, y... ¿repetir lo mismo al día siguiente? No, no, de eso nada. Echamos manos de Internet, reservamos hotel en Padua y ya está: iríamos dos días a Venecia, pero en tren desde la ciudad de los frescos de Giotto y la Capilla de los Scrovegni.



Venecia es todo lo fabulosa que se puede imaginar. Nosotros elegimos, para nuestra presentación, un día con calor, con huelga de vaporettos y gente, mucha gente hablando en todos los idiomas de este mundo loco que nos acoge.



Caminamos por calles estrechas, cruzamos puentes pequeños, medianos y grandes, tomamos un helado gigante y llegamos a la plaza de San Marcos siguiendo el rastro de todos los millones de turistas que ese día atestaban la ciudad.



Que se puede decir de Venecia que no se haya dicho ya. Una no es nada original si piensa que a Venecia hay que ir una semana, levantarse muy temprano, con las primeras luces del alba, cuando aún los visitantes están en brazos de Morfeo y, de este modo, apropiarse cada rincón sin tener que compartirlo, al mismo tiempo, con el resto de la humanidad.




Como es habitual en toda gran ciudad que se precie, en uno de los palacios de la plaza de San Marcos había obras. Por favor, ¿cómo privar al enamorado del lugar de proferir algún que otro insulto viendo cómo no se puede sacar una foto decente de este o aquel monumento porque una red, o un telón, indican que se está adecentando el lugar? Por otro lado, es comprensible que sea en verano cuando se realicen este tipo de cosas.




Todo lo que se nos muestra en reportajes y películas nada tiene que ver con poder admirar, de primera mano, los canales, los edificios, los restaurantes, las comidas, el bullicio y las risitas de los que van en góndola, cruzando puentecillos donde las gentes se paran a mirarlos como si fueran algo extraordinario. Y debe serlo, porque ¿quién va en góndola?: el visitante, claro está. No me imagino a demasiados venecianos que vayan a hacer su compra en góndola. En lancha motora sí, pero en góndola...



Los embotellamientos eran normales. Para que luego digan que sólo se forman tapones en las calles y carreteras...



Pero qué importan los atascos si se tiene la dicha de observar fachadas tan bellas como esta...



El día se nos pasó volando entre canales, aunque no éramos gaviotas. Por la tarde, tal como nos había vaticinado el hombre del tiempo, comenzó a llover, con truenos incluidos. Desaparecieron las colas y las calles se llenaron de paraguas, y de gris. Todos abrieron sus sombrillas, menos nosotros que no teníamos, ni quisimos comprar, total para qué si la estación está al ahí al lado, ahí al lado... Tan ahí al lado estaba la ferrovia que llegamos empapados, pues por más que corríamos, las nubes corrieron mucho má, y estábamos a media hora del tren.



Una vez en Padua, llegamos al aparcamiento de la estación y ya caía el diluvio. El hotel estaba a las afueras de la ciudad y con aquella cortina de agua, y siendo noche cerrada, era complicado ver por dónde íbamos, así que gracias al GPS, que se portó como un jabato, llegamos al hotel y ahí acabo nuestra visita a Venecia por ese día.

Al día siguiente, vuelta al tren y regreso a Venecia, ya sin huelga de vaporetto - tras el almuerzo volvimos a la estación en uno de ellos y fue una gozada ver la ciudad desde el agua - con sol y con algo de calor, pero tampoco importaba mucho. Era mi último día en Venecia. Tomé de nuevo helado, hice cientos de fotos, me asomé a los canales y disfruté de las vistas y de un buena comida junto al puente de Rialto, mientras los gondoleros iban y venían y alguna que otra gaviota se posaba en los postes de madera, a descansar. 

Abandonamos Venecia, tomamos la autovía, y por la noche estábamos de nuevo en Lido degli Estensi. Nos quedaba un día para abandonar el lugar y poner rumbo a la Toscana.

A saber si volveré algún día a Venecia, aunque sigo pensando que lo ideal sería regresar, estar allí unos días y ver todo lo que no se pudo ver anteriormente de la ciudad, bien porque hubo poco tiempo, bien porque había demasiada gente. 
 
Mari Carmen

miércoles, 9 de julio de 2014

Mi viaje por Italia. Porto Garibaldi

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Porto Garibaldi. Emilia Romagna. Italia

Junto a Lido degli Estensi se encuentra Porto Garibaldi. Es una zona de veraneo, igual que Lido. El pequeño pueblo de pescadores ha ido dando paso a los apartamentos y lugares de recreo de todo el que quiera disfrutar del Adriático y del lugar.

Una tarde decidimos acercarnos hasta el puerto y pasear por él.



La actividad del puerto, a esa hora de la tarde, y aún con calor, no era muy acusada, pero más que el puerto en sí yo quería ver todas las casetas con sus redes, a uno y otro lado del canal, cosa que me había llamado la atención desde que llegué a Lido. 

Cada vez que íbamos a Ferrara era obligado llegar a Porto Garibaldi para tomar la autovía. Nunca había visto algo similar a aquellas redes colgantes y me preguntaba cómo funcionarían.


No nos fue posible llegar hasta las mismas casetas. Había caminos, sí, pero nosotros no los encontramos, de modo que desde el puerto estuvimos viendo cómo trabajaban.



Cada diez minutos un hombre salía de la caseta correspondiente, le daba a algún botón y, poco a poco, la red se iba izando. Supongo que a lo largo del día pescarían algo, pero en el rato que yo anduve por allí no vi que en el fondo de la red de moviera pez alguno.



Era todo un espectáculo ver aquellas redes levantarse y volverse a hundir en el agua del canal. Me fascinaba.



El hombre se las ingenia de cualquier manera para conseguir lo que desea, en este caso la pesca. 



Digamos que no es tan expuesto al sol como si se pescara con caña, pero no hay duda de que tienen que echarle igual de paciencia.



La recompensa también es mayor pues no es igual conseguir un pescadito cada cierto tiempo que sacar muchos con una sola izada de red.





Después de un buen rato de observar y pasear por el lugar, decidimos volver a Lido, para descansar de un día ajetreado.

En nuestro camino al coche nos encontramos con una atareada gaviota que ya se estaba procurando su cena. Ella estaba a lo suyo, haciendo caso omiso de mí y de todo lo que no fueran los pequeños moluscos que se encontraban enredados entre las cuerdas, para su gran deleite.

Mari Carmen Polo

lunes, 7 de julio de 2014

Mi viaje por Italia. De Ferrara a Pésaro

Ferrara. Catedral
Italia. Emilia Romaña

Lido degli Estensi, donde teníamos nuestro apartamento, se encuentra en la desembocadura del río Po, junto al mar Adriático, casi al lado de Porto Garibaldi y a unos 59 kms de Ferrara, en la Emilia Romagna. Fue la primera ciudad que visitamos. Una de las pocas autovías, en la que no hay que pagar, atraviesa una llanura festoneada de casitas, pequeños pueblos y tierras labradas, hasta dejarnos junto a la ciudad del palio más antiguo del mundo.



Ferrara. 

Nosotros dejamos el coche a la sombra de los árboles, junto a un hermoso parque, y nos adentramos por calles casi desiertas. Yo lo achaqué a que era temprano, pero también había que tener en cuenta que era finales de mayo y aún no había demasiados turistas por la zona. 

Primero visitamos el museo arqueológico nacional, donde estuvimos casi dos horas y media. Al salir, y puesto que ya era casi la una de la tarde, nos fuimos hacia el centro, para buscar una trattoría y comer. 

Una vez repuestos, nos acercamos al duomo y a las calles de alrededor. El sol calentaba con fuerza y yo pensaba en cómo sería caminar por allí en julio y agosto: una completa locura porque el calor te aplasta y te impide casi respirar. Si ya íbamos pegados a los muros y metiéndonos por las calles más estrechas, para protegernos de la calorina, imaginaba que en pleno verano tan sólo los más valientes, quizá con un helado gigante en la mano, serían capaces de deambular por las plazas sin miedo a achicharrarse.


Ferrara

Una vez cansados de recorrer calles y de sudar de lo lindo, decidimos que era hora de meterse de nuevo en la autovía y retornar a Lido degli Estensi.


Ferrara

Nos enteramos de que a final de mayo - que aún estaríamos en Lido - tendrían lugar las fiestas del palio de Ferrara, pero al final decidimos que ese día, el último, lo dedicaríamos a descansar en Lido y a ver el lugar. Ir a Ferrara, además de tardar una hora en ir - y otra en volver - era muy arriesgado porque haría muchísimo calor, la fiesta era a las cuatro de la tarde, en un lugar descubierto, y con millones de personas. No, mejor quedarse en Lido y disfrutar de un día agradable, comiendo allá, tomando helado y paseando junto al mar.


Pésaro. Región de las Marcas. Italia
Mar Adriático


Yo quería visitar Ravenna, Rimini y San Marino, pero al final pasamos de largo junto a esas ciudad y nos llegamos hasta Pésaro, la ciudad natal de Gioachino Rossini y la de las 4 M's: mar, montes, música y mayólicas.

Pescando en la playa. Pésaro. 
Mar Adriático


Le preguntamos a un señor dónde se podía comer bien, y el hombre fue tan amable que nos recomendó uno en particular. Como sabía que éramos extranjeros anduvo con nosotros casi media hora hasta llevarnos al paseo marítimo, donde estaban los restaurantes, hoteles y la playa.

Yo creo que en Italia se come bien en todas partes. Cualquier cosa que pidas está rica, y ese día no fue una excepción. Comimos muy bien y después nos fuimos a ver la playa. Es curioso que allí hay entrada a la playa. No puedes entrar por donde te da la gana, hay puertas, por llamarle así.


Playa. Pésaro

Además, toda la arena está repleta de hamacas y sombrillas que pertenecen a este o a aquel hotel. No sé si habrá playas donde la familia se pueda llevar su propia sombrilla, como sucede en España, pero tanto en Lido degli Estensi como en Pésaro, las hamacas y sombrillas estaban allí puestas y cubrían toda la arena.


Yo estuve allí, en Pésaro, junto al Mar Adriático

En la playa tuve ocasión de ver cómo varios hombres pescaban de una manera muy curiosa, lanzando sus redes, pero sin conseguir pesca alguna, al menos durante el tiempo en el que yo les estuve observando. Y lo raro es que hubiera pesca, tan cerca de la orilla, pero ellos sabrían más que yo. En la foto sólo aparece uno, pero había varios hombres más, haciendo lo mismo. 

Era una sensación muy curiosa pensar que frente a nosotros estaba Croacia, Eslovenia, Montenegro, Bonia, Albania... allá no muy lejos, aunque no pudiéramos ver aquella tierra desde donde estábamos. 

Casi a las cinco de la tarde decidimos que era hora de regresar a Lido. Fuimos callejeando otros tres cuartos de hora hasta donde habíamos dejado el coche, bajo un sol que calentaba a rabiar. Afortunadamente junto al coche había una heladería - ¡qué bendición las heladerías italianas! ¡las adoro! - y nos tomamos un hermosísimo helado de dos sabores que nos refrescó  y nos quitó la modorra. Tomamos de nuevo la autopista, esta vez de pago, y admirando los hermosos paisajes italianos, y maldiciendo a los conductores italianos, llegamos a nuestro estupendo apartamento, en Lido, una hora y media después. 

Fue un día estupendo, pero creo que hubiera sido mejor visitar Rimini, Ravenna o San Marino. Lo tengo pendiente, pues, para otra ocasión.

(Continuará)

Mari Carmen Polo