viernes, 14 de noviembre de 2014

MI viaje por Grecia: Olimpia (V)



Podría decir que lo mejor de Olimpia es... el Best Western Europa, un hotel fantástico, con amplísimas habitaciones, unas vistas a la piscina y al entorno estupendas, y con un buffet desayuno magnífico. Fue el mejor hotel en el que nos hospedamos en toda Grecia. Mucho mejor, con diferencia, que el Meliá de Atenas.

Pero no, el yacimiento aqueológico de Olimpia es bello por sí mismo y es un placer poder pasear entre sus columnas y sus piedras rotas. 

Continuando con el día anterior, nos quedamos en nuestra salida desde Nauplia hacia Olimpia.

Si consultamos el Google.maps, nos dice que desde Nauplia, en la costa este, hasta Archea Olimpia, en el oeste, hay 173 kms. que vienen a ser una dos horas y media de viaje por carreteras de montaña, cruzando el Peloponeso. Bueno, pues yo les digo que en cuanto a kilometraje puede ser correcto, pero en cuanto al tiempo estimado de llegada... dependerá de la mierda de carretera por la que te lleve el GPS, y de que se te haga de noche o no. 

Nosotros tuvimos la poca buena suerte de que fuimos por una carretera de montaña estrecha y con precipicios que no veíamos pero que intuíamos. Vamos, lo que se dice una vía espantosa llena de curvas, por la cual no transitaba nadie excepto nosotros.

Dejamos Nauplia hacia las cinco de la tarde porque sabíamos que el viaje iba a durar al menos tres horas y que se nos haría de noche en cuanto nos alejáramos de la ciudad. 

El GPS nos llevó por carreteras locales que parecían caminos, y cuando finalmente abandonamos las carreterillas de tercera, nos metió en la que nos llevaría hasta Olimpia, algo mejor, pero sólo algo mejor, y, tal como indico antes, sin tráfico.

En esa zona del Peloponeso, además, entre pueblo y pueblo hay mucha distancia, o quizá es que al ir a 40, 50 o 60 por hora, el camino se te hace eterno. 

Serían las siete de la tarde, ya noche cerrada, que bromeábamos diciendo que si nos pasaba algo, allí no nos iba a encontrar nadie, cuando saltó un aviso rojo en el coche: intuimos que algo les ocurría a los frenos, pero no podíamos estar seguros porque el aviso estaba en griego. Cuando alquilas un coche sabes que puede pasar cualquier cosa, pero no esperas que te ocurra a ti, claro está.

Así qué mira tú qué bien: en plena borrachera de curvas, de noche, sin ver más allá de las luces del coche, sin un pueblo a la vista, y que los frenos te den problemas, es algo muy reconfortante.  

Paramos un momento en la carretera, deseando que no viniera nadie de frente y se estampara contra nosotros, y reanudamos la marcha en modo caracol achacoso. Así, despacito, despacito, temiendo que el coche se parase definitivamente, fuimos avanzando kilómetros y kilómetros, hasta que, ¡por fin!, vimos la luces de un pueblo. Cuando llegamos hasta la gasolinera serían más de las ocho. El libro de instrucciones del coche estaba en griego, sólo en griego, y, naturalmente, no entendíamos nada de nada. En la gasolinera pedimos que nos tradujeran qué significaba aquel aviso en rojo - algo estupendo es que, en toda Grecia, la gente se defiende en inglés bastante bien y, en la mayoría de los casos, muy requetebién, cosa que no se puede decir de España, lamentablente.

Eran los frenos, sí, pero parecía ser que yendo despacio no tendría por qué ocurrir nada. Faltaba aún una hora para llegar a Olimpia, y muchos kilómetros de curvas por recorrer. Pero era lo que había, de modo que emprendimos la marcha con el mejor ánimo posible y rogando para que no ocurriera nada. 

Llegamos a Olimpia a las nueve y media de la noche, con los nervios destrozados, y en cuanto llegamos, el hotel nos acogió en sus amorosos brazos y se hizo cargo de todo, tanto de contactar con la oficina del coche, para que a la mañana siguiente tuviéramos otro en condiciones, como de avisarnos en cuanto lo tuviéramos en la puerta, y, por supuesto, nos acompañaron a nuestras habitaciones y nos brindaron toda clase de información. 

Estaba tan cansada del dichoso viaje que decidí que ni iría a cenar al preciosísimo restaurante al aire libre que tiene el hotel. Me quedé en la habitación, me dí una ducha y me dormí en cuanto me metí entre las frescas sábanas. 

A la mañana siguiente abrí la puerta de la terraza y allí estaba, un paisaje delicioso, tanto como el desayuno que ofrece el Best Western Europa: abundante, variado, atrayente, fabuloso. También dispusimos de un nuevo coche, con el cual nos marchamos al yacimiento de Olimpia, en cuanto terminamos de desayunar.




El yacimiento de Olimpia está a unos dos-tres kilómetros del hotel. Hacía calor, así que agradecimos muchísimo que todo el recinto estuviera lleno de árboles. 

 

Olimpia, como todo el mundo sabe, es conocida por haberse celebrado en ella, en la Antigüedad, los primeros Juegos Olímpicos, los cuales se celebraban cada cuatro años. 



Olimpia también fue famosa por ser un centro religioso, y por su gigantesca estatua de oro y marfil de Zeus hecha por Fidias, la cual era una de las Siete Maravillas del Mundo. Cerca del templo, excavaciones arqueológicas han encontrado el taller de Fidias, con numerosas herramientas del escultor.



La llama olímpica de los actuales Juegos Olímpicos se enciende en el estadio de esta ciudad mediante el reflejo de la luz solar en un espejo parabólico, tras lo cual se transporta en una antorcha al lugar que acoge los juegos (normalmente dando un gran rodeo pasando por las principales ciudades de todo el mundo).







Entrada al estadio

El estadio


Junto al estadio. Parece una estampa victoriana, ¿verdad que sí?


 Museo Arqueológico de Olimpia. Grecia


Casco de Milcíades. Este casco grabado con el nombre de ΜΙLTIAΔES, fue ofrecido al templo de Zeus de Olimpia por Milcíades para consagrar la victoria de Maratón.

Tras la visita al yacimiento - qué maravilloso debió ser todo aquello cuando estaba en su máximo esplendor, y qué cruel es el discurrir del tiempo - en el que pasamos toda la mañana, nos marchamos al hotel, para almorzar. Tuve, entonces, la oportunidad de disfrutar del bello restaurante al aire libre, enclavado en un jardín coqueto, romántico, cuidadísimo y lleno de flores. Fue una delicia, tanto el lugar como la comida.

A continuación, regresamos al yacimiento, ya que cerca de él se encuentra el Museo Arqueológico. Y una vez finalizada la visita al museo, ya entrada la tarde, emprendimos el camino hasta Delfos, con nuestro nuevo coche.

Mari Carmen Polo

5 comentarios:

  1. Buen reportaje de ese lugar con tanta historia.
    Tenemos que reconocer que nuestra red de carreteras es bastante aceptable a pesar de la deficiente conservación.
    En los vehículos de alquiler suelen ocurrir cosas de esas, aunque en los coches modernos con tanta tecnología, pueden aparecer esos avisos sin motivo aparente.
    Buen domingo.

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  2. Gracias, Helio. A Grecia, en cuanto a carreteras, le queda mucho por recorrer aún. Además, los griegos conducen que da miedo. La falta de autovías la suplen usando los arcenes para circular. Así no me extraña que tengan la enorme cantidad de accidentes que tienen.

    ¡Buen domingo! Soleado en Madrid. Al menos, por ahora.

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  3. Que caminito. La verdad que que valientes sois meteros por semejantes andurriales. Pero esa es la manera de conocer mundo, no hay otra. Y luego el sacrificio tiene esa recompensa esas bonitas fotos y mas que nada conocer esos lugares, que tal como van las cosas no todo el mundo puede. Lo importante es que al final todo ha salido bien y en general el viaje muy positivo. Que tengas un buen martes....

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    1. Sí, Nori, menos mal que el coche, finalmente, se portó bien y nos llevó hasta Olimpia :)

      Un abrazo y buen jueves.

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  4. ¡Mi Dios, que susto!, menos mal que no les pasó nada
    y que pudieron disfrutar del Hotel y de todo lo demás.

    Besos y sigo

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