viernes, 30 de enero de 2015

Mi viaje por Grecia (X): Creta

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 La isla de Creta. Grecia


En Creta pasamos cuatro días. Allí llegamos, con escala en Atenas, desde la isla de Santorini. Era nuestra última etapa en Grecia y yo ya notaba en mi cuerpo tantos y tantos días caminando entre ruinas y por las ciudades griegas. A eso se añadía el cansancio acumulado de los veinte días pasados recorriendo Italia, que habíamos hecho en junio, y del cual aún no me había recuperado completamente.


Puerto de Heraklion. Creta


Quedaban pocos días para terminar el mes de octubre y esos últimos cuatro me pesaron bastante. Aún así, todo lo que vimos mereció la pena, porque la isla es magnífica, preciosa. Tiene tantos cultivos, y es tan montañosa, que es una gozada recorrerla. Lo único malo, como en general en el resto del país, eran las carreteras, y los conductores griegos.

Heraklion es la capital de Creta y también la ciudad más grande de la isla. Con sus más de 100.000 habitantes es la tercera ciudad de Grecia. Se sitúa aproximadamente en el centro de la costa septentrional. Fue un bastión veneciano durante la Edad Media y conserva numerosas fortificaciones.


Fortaleza veneciana de Heraklion

La ciudad antigua tiene numerosas plazas y calles anchas, empedradas, con edificios de no más de tres plantas, cuyos balcones miran al mar. Tiene una importante vida nocturna. La fortaleza veneciana que se conserva en perfecto estado resguarda la entrada del puerto.

De la comida decir que es fantástica - el pescado algo caro, en comparación con el resto de platos, cosa que no entendíamos muy bien, teniendo tanto mar por todos lados -, que el restaurante al que solíamos ir, junto al mar y cerca de la fortaleza veneciana, nos alimentaba con tanta variedad y tan bien que no sabíamos qué elegir de la carta porque todo estaba riquísimo. Y de los griegos, sólo decir que, en general, son encantadores. 


Knosos


El segundo día nos fuimos a visitar lo que un día fuera el palacio minoico de Knosos. Lo que queda nos da una idea de cómo debió ser aquel lugar.

El esplendor de la cultura minoica se puede medir con el mayor edificio que alzaron, que ocupaba 17.000 m² y albergaba alrededor de 1.500 estancias. Los reyes minoicos lograron crear en Knossos un centro de poder político, administrativo, comercial, y también religioso.




El palacio se levantó hacia el 2.000 a. C, y tres siglos después sufrió el terremoto que diezmó su estructura, siendo reconstruido, pero degradándose paulatinamente hasta el 1.400 a. C. cuando se abandona definitivamente.



Al iniciarse el siglo XX el arqueólogo sir Arthur Evans emprendió unas excavaciones que sacaron a la luz el yacimiento.



La mitología fija en Knossos la residencia del rey Minos, que mandó a Dédalo construir el laberinto donde se encerraba al minotauro. El monstruo se alimentaba de humanos que se llevaban en sacrificio para saciar al minotauro. Su destino final fue morir a manos de Teseo, que logró salir del laberinto gracias al hilo de Ariadna que le permitió conocer la salida.



Así se supone que era el recinto.




El tercer día nos marchamos a Matala, casi en el punto opuesto, al sur, de Heraklion. Matala es un pueblo turístico, con una playa muy bonita, muchos restaurantes y tiendas, y unas vistas increíbles de los antiguos enterramientos romanos, excavados en la roca.




Paseamos por la playa, elegimos un restaurante, con vistas a la playa, y almorzamos de maravilla. No había demasiada gente, y eso hizo la estancia mucho más agradable. Tras el almuerzo, nos marchamos, escalando montes, por carreterillas estrechas, buscando monasterios ortodoxos.

 Rethymno

El último día nos marchamos a Rethymno, que se encuentra en el centro de Creta, entre las ciudades de Chaniá y Heraklion. Es la tercera ciudad más grande de la isla de Creta, y tiene arquitectura medieval y vestigios venecianos y turcos. Rethymno ocupa una amplia bahía poco profunda y además cuenta con una bonita playa justo en el centro.


 Rethymno, desde la fortaleza


Anduvimos, antes de almorzar, viendo el ir y venir de las olas y cómo rompían contra las rocas. Todo un espectáculo de espuma. 

El día era soleado, lo cual invitaba a caminar. Y eso hicimos, visitar la fortaleza para, a continuación comer, en un restaurante del puerto, una fuente de pescado y marisco que nos supo a gloria. Eso sí, lo pagamos a precio de oro pues, como ya he comentado, el pescado en Grecia no es barato, pero el momento era ideal, con toda aquella gente charlando mientras apuraban sus platos, viendo el vaivén de las barcas en las aguas tranquilas, y degustando una buen comida. Después, paseando por las calles entramos en una heladería y nos tomamos un helado para despedirnos de la isla y de Grecia. El helado estaba delicioso, lo cual me recordó aquellos tan ricos que tomé en Italia, hacía muy poquito tiempo.

Dejamos la ciudad a media tarde y nos encaminos hacia Heraklion, donde debíamos entregar el coche. 

Algo que observamos constantemente en Grecia continental, y en Creta, son las pequeñas construcciones en metal o piedra a los lados de las carreteras, normalmente representando una miniatura de una iglesia.  Algunas muy elaboradas y realmente lindas.



Son memoriales de gente que perdió la vida en un accidente de coche - cosa muy frecuente, a juzgar por la inmensa cantidad de estas pequeñas iglesias que veíamos por todos lados - y están situados allí donde sucedió.
 


Éstos han sido construidos por las familias y van acompañados de fotos, y a veces de objetos religiosos. 

A mí me impactó ver, cada pocos kilómetros, estas miniaturas. En una curva había cuatro mini-iglesias juntas, y nos imaginamos que allí mismo habían muerto cuatro miembros de una familia. Son bonitas, pero dan un mal rollo... Te dejan realmente mal cuerpo, sobre todo cuando vas por aquellas carreteras estrechas llenas de curvas y con gente que conduce como les sale de las narices. Uno va rezando para que no le pase nada. 

De todas maneras, es hermosa Creta, con sus paisajes tan fértiles, sus pequeños pueblos de montaña, sus lagos, gargantas y monasterios bizantinos. 

A la mañana siguiente, muy temprano, Aegean Airlines nos llevó, en menos de una hora, desde Heraklion hasta Atenas, donde tuvimos que esperar hasta casi las cinco de la tarde para tomar el avión de Iberia que nos traería a casa. 

Se cerraba un itinerario más. Nos habíamos paseado por una parte de la Grecia continental y habíamos visitado dos de sus islas. Volvíamos cargados de recuerdos, de momentos dulces, de puestas de sol, y del azul tan especial del mar. 

Ahora, que ya han pasado tres meses desde el viaje, puedo decir, sin dudarlo, ¡qué maravillosa es Grecia y cuán agradecida estoy por haberla podido visitar!

Mari Carmen