lunes, 24 de agosto de 2015

Puestas de sol griegas

Oia. Isla de Santorini. Grecia

¿Cuántas puestas de sol nos habremos parado a observar a lo largo de nuestra vida? Posiblemente muchas, muchísimas, pero ¿cuántas recordamos? ¿unas cuantas? ¿tres o cuatro? ¿una? ¿ninguna? 

No sé, yo creo que las puestas de sol están sobrevaloradas. No es que le quiera quitar romanticismo al asunto, por supuesto que no, pero en mi caso me gustan más los amaneceres, quizá por aquello de que le hemos dado esquinazo al coco de la noche, con éxito, y tenemos ante nosotros una página en blanco para rellenar, mientras que en el ocaso algo se nos muere en el alma, y nosotros con ella. 


Oia. Isla de Santorini.Grecia

No obstante, me gustan los atardeceres caminando por la orilla del mar, los pies hundiéndose en la arena húmeda, y si en el horizonte hay nubes de tormenta, mejor aún. Los reflejos, los colores, sobre la superficie del mar, y en el cielo, suelen ser impresionantes.


Faro de Akrotiri. Isla de Santorini. Grecia

En mi viaje por Grecia y dos de sus islas, Santorini y Creta, no hizo mal tiempo, todo lo contrario.

Fueron algunos de los atardeceres pasados allí los que guardo con fuerza en mi recuerdo, no sólo por la cercanía en el tiempo - fue en octubre del año pasado - sino porque aquel mar, que durante el día tenía - tiene - un azul intenso, posee algo especial al atardecer: se vuelve de un color oscuro, oleaginoso, por eso a mí, viendo bajar el disco incandescente desde el faro de Akrotiri o desde Oia, me daba por pensar... por todos los dioses, ahora esa bola de fuego se sumergirá en esta inmensa balsa de petróleo, se incendiará y todos nosotros, que estamos aquí, apretaditos, agarraditos a los muros, a las terrazas de los restaurantes, a los amplios ventanales de los hoteles y de las casas, como pajarillos hipnotizados, moriremos abrasados de belleza, sin que podamos hacer nada por remediarlo...
 

Cabo Sunion. Palacio de Poseidón. Grecia


No sucedía. No había explosiones, no sucedía nada trágico excepto que el sol desaparecía, pero sí era cierto que todos moríamos un poco abrasados de magia y de esplendor.

Hermosas puestas de sol las griegas, y yo no puedo dejar de dar las gracias porque he sido una privilegiada al tener la ocasión de poder admirarlas en Santorini, en el continente - en cabo Sunion - en Creta, pero sigo pensando que las puestas de sol no son para tanto como se dice. 

Más que la despedida y la inmersión del sol en el océano, lo que a mí me conmueve es lo que se organiza en torno a esa rutina que tiene al sol como protagonista y de la cual él no tiene ni idea. Es el paisaje circundante lo que hace que a mí se me grabe con tanta fuerza una puesta de sol que cuando lo recuerdo no sólo le veo ocultándose en el horizonte sino también a los barcos que navegan en esos momentos, dejando tras sí una estela brillante, siento los murmullos, las risas, de las gentes que me rodean, y veo subir largas sombras por los acantilados, mientras las gaviotas planean buscando un hueco antes de que llegue la completa oscuridad.

Grecia es fascinante. Como su mar, sus gentes, su gastronomía. No me importaría volver. A las islas. Sobre todo a las islas. Maravillosas islas.

Mari Carmen

2 comentarios:

  1. ¡¡Quéeeeeeeeeeeeeeeeeeeee Belleeeeeeeeeeeeeeeza!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

    Muchos besos

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  2. Magníficas puestas de sol.
    Ya nos gustaría visitar esas islas griegas.
    Un abrazo.

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